a la muerte se agregue el miedo
a la vida "
Augusto Roa Bastos
Paraguay
Somos anónimos con nombres. Compartimos una pasión: la escritura. Nos gusta contar y que nos cuenten. Nos conocimos en uno de violencia, un taller de narrativa, con Paulo Sandrini, un brasileño que sirvió de excusa y maestro para juntarnos. Ahora, al mejor estilo del club de la pelea, hemos creado un espacio en el que nuestras voces literarias se unen, individualmente (por ahora) en un coro de historias: Cuentistas Anónimos.
Nació con sus botas amarillas. Pronto dejó de usar medias, pañales u otra prenda. Su única desnudez, eran las botas amarillas. Hasta que un día, de ellas brotaron palabras. Quería acallarlas, pero no pudo. Es un color muy fuerte, más que el propio sol. Demasiado lejano. No tuvo más voz que para esas botas amarillas y ese día se transformó en un cuentista anónimo, amarillo, de botas.
Mientras estudió Letras en la UCV, se la pasó rodando historias para cine. Y mientras estudiaba cine, la manía de contar historias en papel no la dejaba quieta. Así, entre el lápiz y las imagénes en movimiento, esperó entregarse sólo a uno de ambos. Pero a estas alturas, se asume plácidamente como una felíz adúltera, admitiendo además descaradamente, que ambos medios le apasionan igual. Me llamo Ly y soy otra Cuentista Anónima.
que buena frase.
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