agosto 31, 2009

Naturaleza muerta




El día se desvanece en los relojes…La calle mojada refleja destellos. Un auto pasa lentamente. Otro auto, un bus, un camión, otro auto, en lenta procesión chisporroteando el asfalto mojado. La oscuridad se cierne sobre la tarde.

Ahora llueve. En lo alto del cielo rugen las masas de nubes oscuras, anunciando que continuará lloviendo toda la tarde y tal vez durante toda una vida que agoniza en silencio.

La poca gente que transita por la desierta calle se pega a las paredes de los edificios, con los brazos cruzados sobre el pecho, encorvados y presurosos los que no llevan paraguas. De igual modo, los que llevan paraguas o impermeable se ven como caricaturas fantasmales, desdibujados en el torrencial aguacero que crece por minutos.

Por momentos, la calle se ve abandonada. A través del cristal de mi ventana de agua, los edificios parecen temblar de frío o danzar en el húmedo ritual del oscuro mediodía. Cae una lluvia fría y total. El agua se cuela por las hendiduras del marco de la vieja ventana y de los poros de la piel.

En la detonación de un relámpago o un revólver, el alma se me escapa. Este es un día de recogimiento y determinación. Ahora no sé cómo ni por qué me encuentro afuera, entre las nubes, viendo desde afuera mi ventana, en este eterno mediodía gris. Por mi mente desfilan innumerable frases críticas, tecnicismos, innumerables ismos y argumentaciones académicas que me empujan a todos lados en la confusión de mi flotar en el aire y en el agua que no cesa...

No sé en qué siglo hablé por primera vez. Desconozco mi primera pincelada, el primer cuaderno, el muro o la primera tela, pero veo mis cuadros repetidos en galerías y museos. Leo mi nombre y el nombre de mis cuadros en las páginas de periódicos gastados y polvorientos. Estoy ahí, en el estudio habitación, pero no veo a nadie más. Mi cuerpo yace en el sillón, frente a la ventana... En la calle, y en todas partes, sigue lloviendo.

Fui un pintor prolífico, indudablemente. Esta lluvia que resbala incesante en el cristal de mi ventana, me recuerda conocidas escenas impresionistas. El paisaje se desdibuja y ablanda en los trazos, la forma pierde los contornos para fundirse en la impresión del corazón. Con el paso de las horas, el ambiente adquiere nuevos colores; es como si cada elemento tuviera personalidad que cambia con el movimiento, la intensidad de luz, la fuerza del trazo o del dolor.

En el solitario estudio habitación busco la figura de alguien que se fue, quién sabe cuándo. Cerca de la ventana de agua, sobre el caballete, abandonado a las arañas, el bastidor de una pintura a medias: no se distingue si el cielo es claro o nublado, sólo las tímidas manchas blancas con los pálidos azules, al centro un camino que serpentea el campo, una carreta sin bestia, algunos árboles aún sin ramas ni follaje y el trazo detenido…

Allá afuera, sólo agua. Agua en el cristal y en mis huesos ya fríos e inmóviles. Huele a agua. Un frío húmedo se cuela por la nariz y se apodera de mi interior hasta las entrañas, de la sangre detenida, de la piel del cuerpo de un hombre pintor que está sentado en un sillón, con sus brazos colgados a los lados, la cabeza a un lado, los ojos cerrados, frente a la ventana de agua que refleja, aun en su transparencia, un rostro con la sien herida.

Ahora despierto y recuerdo, con sorpresa, tantas cosas: no tengo más que este estudio habitación, algunos libros y cuadros, un reloj de arena que me regaló un discípulo agradecido, el caballete vestido de telarañas, la puerta del baño y al lado de ésta el pequeño gabinete de la cocina, la cama, mi ropa en el armario y montones de bastidores en blanco, pinceles de todos los tamaños y tubos de pintura. Recobro por segundos la conciencia para mirar ya sin sorpresas, mi cadáver sentado en el sillón negro, en la eterna tranquilidad de una tarde de agua que se suicida en la tierra de un estrecho camino que serpentea el campo bajo una tupida telaraña cubierta, como todo, con polvo del aire como la tristeza inmóvil de una naturaleza muerta.

Foto: http://geekdigital.files.wordpress.com/2008/12/reloj-clasico.jpg


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