agosto 31, 2009

La última parada


José los vio acercarse a la parada, como si nada. Los dejó pasar. Como siempre escogerían los asientos traseros, para observar el pasillo con vista privilegiada. José estaba conciente del plan, ya se había hablado, de la manera más secreta, entre la asociación de conductores y miembros claves en la comunidad. Que él fuera el sujeto de experimentación no lo había considerado, sin embargo no había vuelta atrás. Remordimientos, angustias morales, podían ser superadas con el tiempo. Las personas en el autobús conocían el mencionado, pero igual se asustaron al ver la cercanía de las próximas victimas. El conductor las calmó con una salsa de esas que todos conocen, que se miran unos a otros, recordando reuniones, bodas, y sonríen. Como una señal se entendió. Dejó que entraran para ese último paseo.
El conductor le dió el arma a su copiloto. Manuel se levantó de su asiento, simulando recoger los pasajes de los atentos, hasta llegar a los últimos, a quienes amenazó con la pistola. Propinó tres golpes certeros a la cabeza de cada uno, justo para que se desmayaran. Ya este autobús no tiene más paradas, bájense los que no quieran participar. La mayoría de los pasajeros bajaron del bus, atemorizados algunos, otros alegres. Pocos se quedaron, una señora mayor, José y Manuel, una pareja joven, un muchacho de 22 años, y los tres niños, ya alojados en la cocina del transporte. Es verdad, ya no habrían más paradas, de las legales, pero José si pararía en algunas casas a buscar a personas que por llamadas o mensajes manifestaron interés por ser participe dentro de la acción.
Las pertenencias están olvidadas, perdidas y vendidas con seguridad. Cambiadas por cualquier tipo de droga o beneficio oscuro en sus cortas vidas. Volver a ellas no es lo que se pretendía. Carteras, celulares, sexo a la fuerza, entre otros, ya están superados. La misma comunidad ha sido colaboradora en estos casos. Pero por fin ha llegado el momento esperado, la venganza.
El rosario colgando el retrovisor, las calcomanías religiosas colocadas una tras otra y las estampitas, buscando esa protección invisible que nunca había llegado. Lo espiritual de nuevo paso al fondo, cubriéndose por lo terrenal, el deseo de acabar con un malestar, sin importar a quienes arrastren por el camino.
“Son sólo unos niños”, exclamó una de las pasajeras que se monto en el transporte. El silencio ante tal comentario le hizo comprender que eso de niños ya no existía, ya no era valido en sus pequeños cuerpos. La maldad existía en ellos desde hace tiempo. Sabrá Dios que fuerza los habrá unido, formando ese potencial agresivo que causaba terror en la comunidad.
José llegó con las luces apagadas a la calle ciega. Los tubos y otros instrumentos se habían recolectado a lo largo del trayecto.
Son niños sin hogar, no son de la calle. Tienen padres, que olvidan que existen, de acuerdo con el final que el barrio les asignó. No van a llorar por ellos. Llegarán otros, hay que dejar el ejemplo.
Amarrados fueron transportados al callejón. En silencio. Mucho silencio. Se despertaron con un balde de agua sucia recogida en una de las alcantarillas. Gritaron una y otra vez que los dejaran salir, pero ya se habían dado cuenta de que no podían optar por sus armas, sus pistolas y cuchillos que habían dejado sus marcas. Lloraron mudos. Los otros no hablaban, sólo esperaban que el primero de alguno de ellos propinara el primer golpe.
Arrastrados nuevamente fuera del callejón. Dejados en la esquina. Colocados con mucho cuidado. Los restos serían recogidos por el que quiera hacerse responsable de ellos.
Así fue todo.
José repartiría a los otros a sus hogares. La salsa se escucharía nuevamente. Las miradas verían al frente, ya no recordando cuando compartían esos momentos de unión especiales de alegría. Ahora se colocaría en sus memorias una nuevo. Esa salsa recordaría todo.

Foto: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjyipjBiJS30ni-5MU43nHeoxwjRz3sAkAVsM7eIROtIQlGQBhMVC5dz_ECCP4Z59t2GGFFFaasT9UJI04Cvu6LnS47130RJF-ZFdkWFl2cdvHTK533fn5XjXnNUT7Pe79gcKZMt7qbRMnn/s320/Buseta.jpg

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